Caguama X`Careta, Blanca Chelonia Mydas. Tortuga Caguama y tortuga Blanca.
I
Es mi segundo vuelo hacia la Riviera Maya, había estado una sola vez en este lugar y regrese entusiasmado. Había ya escuchado acerca de sus playas, sus arrecifes coralinos, los cenotes sagrados, el manglar, los antiguos canales construidos por los mayas.
El asombro en esta segunda incursión no dejo de estar presente. La primera vez, fue un viaje totalmente distinto al de ahora: hoteles de gran turismo llenos de paseantes europeos, sobre todo españoles habidos de aventura manifestando asombro por la belleza de estas costas.
Mucho dinero en la cartera y más glamour en sus consignas. Recorridos turísticos en los distintos parques acuáticos “ecologistas” con nombres de origen Maya, aunque en el fondo eso es lo que menos les importaba. Poco, si no es que nada conocen de la cultura maya. Hablé con algunos turistas y su enciclopedia informativa y cultural, es la película tan desafortunada como desatinada del tan decaído actor y ahora director de cine Mel Gibson; si es esa la película que esta probablemente en sus mentes: “Apocalypto”.
En ese primer vuelo hubieron dos cosas buenas, bueno tres: el recorrido en la reserva de la biosfera de Xian-Ka´an, el campamento tortuguero de Xcacel y un buen nuevo grupo de amigos. El resto, fueron hoteles con inversión española -que se jactan de preservar el medio ambiente, pero que destruyen hectáreas de manglares- cientos de cenotes y otros tantos ríos subterráneos, sobre los que construyen sus complejos de gran turismo “Ecológico”. También se encuentran parques ecoturisticos, que cobran una foto con un delfín en 25 dólares y el vídeo con el mismo delfín 50 dólares. Por supuesto, son delfines amaestrados que viven en cautiverio.
Parques y más parques tematicos, donde se mezcla el idioma maya con el inglés, donde desaparecen los pesos y se impone el dólar, donde domina el discurso sobre las instalaciones y sus miles de habitaciones reconfortantes para el aventurero turista. Donde olvidan a los trabajadores. Trabajadores que para tener su lugar en la nómina, tienen que dominar el inglés. Trabajadores que ganan $2,500 pesos a la quincena, trabajadores que se les ignora, no se les ve, pero que se denota su prescencia por el excelente trabajo que realizan en las instalaciones con sus múltiples servicios.

Manuel, trabajador en la Riviera Maya
Uno de ellos me compartía su experiencia; llega a trabajar a las 3 de la tarde y sale a la una de la mañana. El servicio de transporte interno de estos hoteles como por el Paldium o el Barceló, son exclusivos para el turismo y directivos de la empresa. Al termino de su horario de trabajo que oficialmente es a las 12 de la noche se cambia de ropa, se baña y comienza su recorrido a casa, pero no sin antes tener que caminar hasta la entrada del complejo que esta en la carretera Playa del Carmen-Tulúm. Caminar y caminar después de trabajar, sin derecho a transporte, desde los vestidores cercanos a las playas y hasta la autopista, sumando cerca de dos kilómetros.

Playa Xcacel
II
Una lluvia de mosquitos invisibles me cercan, me atrapan . Los escucho y los siento en mis brazos, pero no los alcanzo a mirar. Sobre mi espalda, orejas, en la frente y en las mejillas. El puro instinto hace que me rasque. Me desespero y me gana la picazon, pero Denisse me cuenta con optimismo que es un buen día pues sopla un poco el viento. No me anima en nada, miento madres y pienso en el repelente que no compré, pues recuerdo mis días en Veracruz donde los mosquitos solo me cantaban al oído y por lo mismo no lo creí necesario. Ahora me arrepiento y me rasco con furia el brazo izquierdo, pero en esta operación descuido el derecho y siento como una aguja finísima se entierra y me pica. No, no es una aguja, son varias y casi grito.
III
Son las ocho y media de la noche y empiezan los preparativos. Pantalón, tenis o botas cómodas para caminar al menos 4 kilómetros en toda la noche. Repelente para insectos, probar las lamparas, las hojas para los datos donde se apuntan las medidas. Ahí se decide si se colocan placas a las tortugas que desovaran. La cinta métrica y el lápiz: herramientas fundamentales.
Se forman las rutas, Xcacel, Xcacelito, Xel-ha, Tankah, Chemuyil, Akumal, la zona de la reserva de Xian-Ka´an y varias playas más que se encuentran dentro de los limites de la Riviera Maya, donde las tortugas llegan para anidar entre los meses de Mayo a Octubre de cada año. Con tres voluntarios y de uno o dos cooperantes por ruta, se lanzan a la noche desde las nueve y hasta las seis de la mañana, para proteger a los quelonios que aparecen para desovar o para contabilizar las crías que nacen después de la tres de la mañana.
De igual forma limpian los nidos que eclosionan, donde se cuenta el número de huevos, las crías con vida o muertas durante la incubación así como los huevos que no eclosionaron. Todo de manera sistemática. Podría parecer monótono, podría parecer simple, pero hasta ahora ha sido muy funcional.
Las diez de la noche y continúo al lado de una de las cooperantes. Me gusta la cosa. Por enésima vez constaté que las mujeres llevan la batuta en este país. Caminar en esta arena es pesado, solo cargo mi cámara y un tripie. La luz es proporcionada por la Luna llena que inunda la playa con sus olas y brillos. Prohibido usar flash, prohibido usar luz blanca. Solo una luz roja que tienen los voluntarios y cooperantes. Todo es incertidumbre y un poco de nervios de mi parte.
De repente Grendy se para y mira alrededor.
- Ahí esta una gorda subiendo la playa.
-No la veo, ¿dónde?- pregunto.
- Ahí, al lado de la roca.
Solo observo sombras y algunas piedras que abarrotan la playa de Xcacel, en la zona 9. Ella se detiene y se planta en la arena a revisar sus papeles. Mi asombro crece y mi corazón palpita momentos después. Me muevo con nervios y Denisse se sonríe. Todo es sombra, pero la luna no deja de enviar su luz a nuestro alrededor. Observo nuevamente hacia el frente, comienzo a caminar hacia allá y la voz de Grendy me detiene:
- No te muevas o las espantarás. Mejor toma asiento, además esta no nos corresponde, nosotros vamos a Xcacelito.
Clavo mis ojos al frente, hacia los lados y por fin doy con un monolito redondo que asoma una cabeza y que ladea de izquierda a derecha y después al frente. Parece oler el ambiente. Regresa su cuello y continúa su caminar hacía la playa. No lo puedo creer. Siento como mi corazón retumba como bata africano. Quiero correr y clik, clik, clik. Pero no me muevo.
Mi cabeza recorre momentáneamente imágenes de revistas, documentales de televisión, revistas turísticas y nada se iguala. A pesar de que no veo claramente, la respiración se detiene.
- No te preocupes Javier, en Xcacelito seguro habrá tortugas, al menos una o dos por noche y siempre aparecen. Y eso que la temporada ya casi termina,- me dice Grendy.
La tortuga blanca que apareció, brilla con los reflejos de la luna y es espectacular el momento. Continuamos nuestro camino y rodeamos con nuestros pasos hasta cerca del mar para pasar lo más sigilosos al lado de esta dama de concha.
IV
Cada una sabe su camino, cada una sabe su trabajo, cada tortuga sabe donde desovar y como construir su nido. Me acerco y a través de mi cámara no puedo ver nada. Sólo una cosa oscura y vaya, enfocar es cuestión de tino. Recuerdo mis clases de fotografía de cuando era análoga la cámara. Calculo el foco por la medida y me resigno. Disparo una vez y luego otra. Aparece una mancha borrosa que me desanima y Denisse me tiende la cinta métrica para que le ayude (1.10 mts. por 1 mt). La tortuga me hecha arena en la cara y trago un poco. Disimulo mi sorpresa y mi maravilla. Me oculto en la oscuridad de la noche y guardo la compostura. La toco, la giro, miro con detalle su aleta y veo la sal que le sale de los ojos. No son lágrimas, no llora en este momento, de hecho no lloran. Es todo un mito que cuando desovan lloran las tortugas. Quien esta apunto de llorar es otro. De esta forma, cuando están en tierra las tortugas expulsan la sal que llevan en el cuerpo: es como desintoxicarse. Eso sí, se pueden dormir hasta por media hora, mientras uno espera que salgan del nido para marcarlas, se toman las medidas de la tortuga, así como el tipo al que pertenecen, si es Blanca o es Caguama.

Tortuga Blanca, en Xcacelito.
V
El viento corre y lo agradezco. Los moscos no se acercan. Una tortuga permanece detrás en mi espalda e intento dormir sobre la arena. La luna me golpea en la cara y observo el infinito del cielo. Busco la Osa Mayor, no la encuentro, sólo escucho el rascar la arena que podría ser el nido de esa tortuga. Miro de reojo y Abraham hundido en una duna, vigila atento y cierra los ojos. Estar tirado en esta arena, escuchar el viento que silva. En eso, las palmeras se despeinan y la tortuga insiste en otro lugar. Lleva más de media hora buscando un punto para depositar su huevos. Serán más de cien. Me siento en otra dimensión. No pregunto por dios, no pregunto por la eternidad, ni pienso en la suerte. Sólo se que sí existen estos seres, me habían hablado de ellos en la primaria y en la secundaria. De los que tanto se mofa National Geographic con sus fotos como exclusivas y Discovery con sus aburridas narraciones. Ahora tengo una tortuga blanca a mi espalda y creo que me salvo. Creo en ella como algo único y posible. En los siguientes días veré más y me emocionaré otro tanto al rescatar algunas crías que no pudieron salir del nido. También liberaré otras y como es la tradición le pondré nombre. Una la nombre como Lizzette, inquieta, necia y siempre en movimiento. Cuando la puse sobre la arena, corrió y corrió hacia las olas. La regresaron contra una roca, pero no desistió y flotó y se proyectó hacia lo inmensurable de ese mar.

Lizzette, hacía el mar.
VI
La tortugas también pueden volar.
VII
Luna
Javier
28 septiembre 2008